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Las disfunciones sexuales femeninas

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Las disfunciones sexuales consisten en una respuesta sexual inadecuada que impide a la persona realizar el acto sexual con normalidad y tener una vida erótica plena, afectando a la salud global del individuo.

Al igual que la respuesta sexual es diferente en hombres y mujeres, las dificultades que puedan surgir también presentan diferencias en función del género. Así pues, mientras que los hombres suelen presentar más dificultades relacionadas con la fase de excitación (disfunción eréctil), en el caso de las mujeres es más habitual que surjan dificultades en la fase del deseo o en el componente orgásmico.

Las causas de las disfunciones sexuales pueden ser orgánicas o psicológicas.

Algunas causas orgánicas frecuentes son la hipertensión, la hipercolesterolemia, problemas renales, esclerosis, algunos tumores, problemas endocrinos o déficits hormonales. El consumo de alcohol, drogas y algunos fármacos también pueden estar relacionados con un funcionamiento sexual inadecuado.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, las causas de las dificultades sexuales no responden a problemas físicos sino que son más bien producto de factores psicológicos y, en el caso de las mujeres, la importancia de estos factores psicológicos parece aún más clara.

La ansiedad ante la situación sexual, la incapacidad para relajarse y abandonarse a las sensaciones eróticas, preocupación por el rendimiento sexual, actitudes negativas hacia el sexo, creencias erróneas, miedo a expresar sus necesidades y a pedir una estimulación adecuada al compañero por miedo al rechazo, conflictos o problemas de comunicación con la pareja o incluso haber sufrido alguna experiencia traumática son posibles causas de los problemas sexuales.

Las principales disfunciones sexuales en las mujeres son las siguientes:

  1. Deseo Sexual Hipoactivo: (antes conocido como frigidez, éste término cayó en desuso por las connotaciones peyorativas asociadas a él). Consiste en una falta de apetito sexual y dificultades de lograr un nivel de excitación adecuado, de forma que la mujer extrae poco o ningún placer erótico de la estimulación sexual y se halla esencialmente vacía de sentimientos sexuales. A nivel fisiológico, no aparece ningún signo de vasocongestión genital en respuesta a la estimulación sexual o solamente un ligera lubricación. Las mujeres que sufren esta disfunción pueden evitar cualquier tipo de contacto sexual o lo soportan con malestar. Sin embargo, también hay mujeres que aún no experimentando sentimientos eróticos en respuesta a la estimulación sexual, si son capaces de gozar de los aspectos físicos no eróticos del contacto sexual, como por ejemplo el contacto y la intimidad con la pareja.

  1. Anorgasmia o disfunción orgásmica: es una disfunción propia de la fase del orgasmo. Consiste en la incapacidad de la mujer para alcanzar el orgasmo aunque la estimulación que reciba sea suficientemente intensa para desencadenarlo. Puede ser primaria si la persona nunca ha experimentado un orgasmo o secundaria si el trastorno ha aparecido después de un período en el que si era capaz de alcanzar el clímax. Puede ocurrir en cualquier situación o sólo en circunstancias específicas.

  1. Vaginismo: se caracteriza por la contracción involuntaria de los músculos del tercio externo de la vagina que hace que el introito vaginal se cierre literalmente de golpe imposibilitando la penetración. Las mujeres que sufren vaginismo suelen desarrollar fobia al coito y a la penetración en la vagina de cualquier elemento como tampones, espéculos o dedos. Los intentos de coito suelen resultar desagradables y dolorosos y se acaba produciendo una evitación fóbica. Esto puede ser la causa de problemas de infertilidad y de matrimonios no consumados.

Tener una vida sexual sana y satisfactoria es esencial para tener una buena autoestima, una relación de pareja saludable y unos niveles adecuados de felicidad.

Responsabilizarnos de nuestra salud y de nuestro placer es fundamental para lograr un buen ajuste sexual.

Debemos cuidar adecuadamente nuestro cuerpo y nuestro estado genital. Realizar revisiones ginecológicas, llevar una correcta higiene y tratar de fortalecer los músculos de nuestro suelo pélvico nos ayuda a estar sanas y favorece nuestro placer.

Por otro lado, una buena comunicación con la pareja, vivir nuestra sexualidad sin exigencias y cuestionarnos determinadas ideas y mitos sexuales son pasos importantes para lograr vivir nuestro erotismo de manera satisfactoria.

En caso de ser necesario, la psicología cuenta con herramientas de probada eficacia para resolver estas y otras dificultades relacionadas con el ámbito sexual y ayudar a la pareja a gozar con su sexualidad.

Paloma Suárez Valero
Alicia Martín Pérez
www.psicologosaranjuez.com

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