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La ciencia del chismorreo

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Cotillear es bueno para nuestra salud, según un estudio. Robin Dunbar, profesor de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oxford, ha asegurado que cotillear alarga la vida. El experto señala que proporciona a la sociedad beneficios físicos y psicológicos, pero hay que hacerlo de forma positiva. Está demostrado que tener buenas relaciones sociales alarga la vida, ha dicho Dunbar.

La doctora Jennifer Cole, profesora del departamento de Psicología de la misma universidad, ha añadido que cotillear afecta a corto plazo al autoestima y ha confirmado que, aunque sepamos que estamos perpetrando la privacidad de otra persona, es peor no hacerlo. La experta ha afirmado que cotillear alarga la vida porque las conexiones sociales son importantes, ya que lo primero ayuda a cimentar lo segundo. Eso sí, hay que tener en cuenta que «chismorrear no es criticar».

Los investigadores han basado su teoría en dos estudios. El primero de ellos es una visión general de 148 pruebas en los que veían cómo habían evolucionado varios pacientes que habían sufrido ataques al corazón. Al margen de los hábitos de salud que tenían, la evolución era mejor según eran sus relaciones sociales. La segunda investigación tenía como objetivo analizar la tasa de enfermedad de madres con niños pequeños. Las que se comunicaban regularmente con sus amigos y su familia eran menores que las que no lo hacían. Es decir, la comunicación es fundamental para tener una buena salud. Por consecuencia, cotillear hará que vivas más.

Otros estudios como el de universidad de California, dirigido por el profesor en Psicología y Sociología, Robb Willer, asegura que chismorrear es sano especialmente si se trata del mal comportamiento de una persona.  Según Willer, «difundir información sobre una persona que se comporta mal tiende a hacer que la gente se sienta mejor, reduciendo la frustración por lo que produjo el chisme». Generosidad y chismorreos, las personas menos generosas (osea los tacaños) son más propensos a que se chismorree sobre ellos. Este estudio sobre generosidad y chismorreo concluyó que existe una forma de cotilleo que denominaron prosocial, porque critica la explotación y la deshonestidad. Difundir ese chisme reducía el malestar de aquellos que habían presenciado el mal comportamiento de otro. De ese modo, recuperaba su bienestar.

El cotilleo ha existido desde que el hombre vivía en grupo en las tribus primitivas, pero hay que diferenciar entre dos rasgos, el de ser fisgones y el del chismorreo. Ser un fisgón se refiere, a que cotilleamos porque la intimidad y vida de los demás nos interesa, satisface nuestra curiosidad. Hay una especie de atracción fatal a conocer la intimidad de los otros, cómo les va la vida, qué hacen, donde van, etc. Nos gusta estar informados porque nos alivia saber que a otros les ocurre como a nosotros. En lo que respecta al chismorreo, es que nos gusta revelar el comportamientos de los demás, sus fallos o sus fracasos. Es algo que nos puede consolar, sobre todo si vemos que los que gozan de mejor estatus social también tienen los pies de barro.

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