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El pensamiento, llave a la felicidad

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Cómo interpretamos lo que pasa y lo que nos ocurre tiene un impacto muy potente sobre nuestras emociones. La misma experiencia vivida por dos personas con interpretaciones diferentes es valorada y sentida de forma distinta. ¿Por qué? Cómo nos contamos lo que somos, lo que vivimos y a qué se deben determinadas situaciones influye de manera directa en cómo nos sentimos y en cómo afrontamos las vivencias. El estilo cognitivo (nuestra forma de pensar) lo desarrollamos desde que somos pequeños según nuestras estructuras cerebrales van formándose y permitiéndonos así poder contemplar el mundo de manera más compleja. En ese desarrollo tiene un papel lo genético (la herencia de nuestros padres), y de manera muy importante lo contextual (lo que recibimos del entorno que nos moldea y modela) A partir de nuestros modelos de referencia, de los aprendizajes que hacemos en el día a día, vamos aprendiendo a pensar de una determinada manera y a colocarnos ante la vida con una actitud concreta.

Con mucha frecuencia mantenemos conversaciones con nosotros mismos, a esto los psicólogos lo llamamos habla sublingual. Ésta nos permite valorar situaciones, proyectarnos en el futuro, resolver conflictos, analizar las vivencias…

Necesitamos obtener conclusiones sobre cómo funciona el mundo y por qué nos pasa lo que nos pasa, para ello necesitamos interpretar los hechos que tienen lugar a nuestro alrededor. Se tienen que corresponder con la realidad ya que la coherencia entre lo que pensamos y lo que ocurre nos genera sensación de control, de seguridad ante el poder predecir lo que pasa. A este ejercicio de búsqueda de coherencia es lo que llamamos “pensar bien o de manera objetiva”. Nos permite regular las emociones, poder tomar decisiones acertadas sobre la resolución de conflictos y sentirnos responsa-bles del bienestar propio. Por el contrario, si lo que pensamos no coincide con los hechos, con la realidad, sentimos un malestar intenso, nos estresa y desborda. Es cuando interpretamos de manera desajustada lo que está pasando, anticipamos por ejemplo que algo muy malo va a pasar, nos quedamos solo con la parte negativa de las situaciones y filtramos la positiva, magnificamos… Al “pensar mal o en bucle” nos enganchamos en los pensamientos desajustados y nos dejamos llevar por las emociones. Todo ello nos lleva a sentirnos indefensos ante las situaciones, a sufrir de manera inútil. Evidentemente no es un ejercicio que hagamos conscientes, nos sale sólo, ya que pensamos en modo automático y no somos capaces de detectar las equivocaciones.

Albert Ellis (1913- 2007) Psicoterapeuta Cognitivo estadounidense, desarrolló la Teoría del ABC emocional, donde:

·A: Acontecimiento activador.
Son los hechos, positivos, negati-vos o neutros, que ocurren a nuestro alrededor (una ruptura de pareja, perder un trabajo, que nos feliciten por las buenas notas, etc.) o los que provienen del mundo interno (repasar una discusión, buscar alternativas de solución a un posible conflicto…)

·B: Cogniciones y creencias (las interpretaciones)
Todo lo que valoramos respecto de los hechos. Normalmente, somos conscientes de los pensa-mientos, pero a veces son tan automáticos que no tenemos conciencia de ellos y lo que notamos es la experiencia subjetiva de bienestar o malestar que nos producen los aconte-cimientos. Por eso, a veces, estamos convencidos de que éstos nos provocan ciertos senti-mientos, conductas o comporta-mientos. Cuando en realidad no es lo que tiene mayor impacto, si no las cogniciones.

Las creencias pueden ser racio-nales o irracionales. Las primeras son ajustadas a la realidad, certeras, objetivas. Sin embargo, las creencias irracionales son desmedidas o exageradas en relación con los hechos, tienen poca lógica y sentido, no están basadas en hechos tangibles y nos generan malestar.

·C: Emociones. Y, conductas (qué hacemos/ qué dejamos de hacer):
Qué sentimos y qué hacemos o dejamos de hacer ante los hechos y/o nuestros propios pensa-mientos.

Tendemos a pensar que los hechos provocan directamente las emociones y conductas o comportamientos que tenemos, aunque, si así fuera, todas tendríamos la misma respuesta ante hechos parecidos, cosa que no ocurre. Somos nosotros, a través de la manera en que interpretamos quienes tenemos una gran influencia sobre las mismas, para alimentarlas, de-jarlas ir, etc. Cada persona tenemos una manera de ver las cosas y esto puede modularse a través de aprender a pensar de otra manera, de generar nuevas tendencias de pensamiento. ¿Te atreves?

Mar Boada y Alba Atienza
Centro de Psicología AtienzaBoada

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