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El origen de frases populares

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Irse por los cerros de Úbeda: En el SXIII, durante la Reconquista el rey Fernando III “El Santo” mandó a uno de sus lugartenientes a vigilar unos cerros que estaban cerca de Jaén. Al llegar allí se prendó de una bella mujer mora y no finalizó la misión que su rey le había encomendado. Cuando Fernando III le preguntó sobre lo que había pasado, el hombre respondió que se había perdido por los montes de Úbeda.
A buenas horas mangas verdes: Entre los siglos XV y XIX había en España un cuerpo de policía cuyo uniforme se componía de un chaleco de cuero que dejaba ver las mangas de una camisa verde. Eso sumado a que este cuerpo de policía no era el mejor y que siempre llegaban tarde allí donde se les necesitaba, hizo que se popularizara la expresión de “a buenas horas mangas verdes”.
No dar un palo al agua: Esta expresión tiene reminiscencias marineras que usaban hombres para hacer avanzar la embarcación con remos. Algunos, los más vagos solo golpeaban el agua fingiendo impulsar los remos.
Ponerse las botas: Antiguamente los caballeros llevaban botas que les protegía del frío y de la suciedad del suelo. Eran los que mejor comían y hacían los grandes negocios. Por el contrario, el pueblo llano utilizaba un calzado más acorde con sus recursos, tales como sandalias, o alpargatas. Por eso la expresión “ponerse las botas” se vincula a la abundancia, especialmente en el ámbito gastronómico porque los caballeros comían grandes banquetes.
No hay moros en la costa: Dos siglos después de la Reconquista, las costas de España fue blanco constante de la piratería morisca. Para proteger a la gente de los piratas, se trasladaron a pueblos del interior y colocaron vigías en la costa que vigilaban que los moriscos no volvieran. Si no había moros a la vista es que no había peligro.
París bien vale una misa: A finales del SXVI, Felipe II ansiaba el trono francés y para ello casó a su hija Isabel Eugenia con Enrique III de Navarra. Para ellos tuvo que renunciar el protestantismo y abrazó la fe católica.
Hay gato encerrado: En el SXVI y SXVII el “gato” era la bolsa donde se guardaba el dinero y se llevaba normalmente escondido entre las ropas o en algún lugar muy escondido de la casa. Cuando los ladrones se pasaban información sobre el posible hurto en alguna casa, se decían que había “gato encerrado”.
Dársela a uno con queso: En la Edad Media los vinos de la mancha eran muy populares y taberneros de toda España acudían a estas tierras a comprar buenos caldos, y antes de pagar, solían probar la mercancía para ver si era de buena calidad. Los bodegueros para dar partida a vinos picados o de peor calidad, ofrecían un queso manchego fuerte para que en el paladar el comprador no distinguiera entre un vino bueno y uno malo.

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